El slackline es un deporte cuanto menos curioso, pero se ha demostrado que puede ayudar a la psicomotricidad de forma muy activa. La etapa de la vida en la que la mayoría de usuarios practican slackline, coincide en la que se potencia el desarrollo en cualquier nivel y, por eso, hay que favorecer el trabajo variado en los pequeños sin centrarse en actividades muy específicas o centrándose en practicar un deporte nada más. Las actividades deben ser mucho más genéricas.

Practicar slackline es una actividad que atrae mucho a niños y niñas y les llama muchísimo la atención. Este punto es muy importante, porque si al pequeño no le atrae para nada la actividad, difícilmente la llevará a cabo y con ganas. Todos somos conocedores de las múltiples pegas que ponen los niños cuando tienen que practicar un deporte y este no les gusta ni les atrae.

Beneficios a nivel físico

Lo que trabajaremos más es el tren inferior, fortaleciendo partes esenciales como las articulaciones, rodillas o tobillos. Trabajando de varias formas el equilibrio, conseguiremos fortalecer también el tronco, lumbares y abdominales.

Finalmente, cuando los niños hayan cogido suficiente confianza y sean capaces de caminar sin ayudas ni soportes, sus hombros trabajarán para ser capaces de elevar los brazos para mantener bien el equilibrio.

Ventajas cognitivas

En muchas actividades no llegamos a conseguir unos beneficios cognitivos tan amplios como practicando slackline. Se trabajarán los siguientes conceptos:

  • Enfoque: Manteniendo en un punto fijo la mirada del que lo practica
  • Concentración: Vital para mantener el equilibrio encima de la cuerda en todo momento
  • Respiración: La calma es necesaria para no ponernos nerviosos y que la cuerda tiemble

También potencia el trabajo colectivo porque hay que ayudar al compañero y, posteriormente, él te ayudará a ti.

Otra razón que beneficia la práctica de slackline es la superación de obstáculos y retos por parte de los niños, donde verán su evolución constante si siguen trabajando e insistiendo.