El verano ya mismo termina y en nada tenemos el frío de otoño/invierno encima. Por eso, siempre vienen bien unos consejos para poder escalar en invierno en las mejores condiciones. Las bajas temperaturas incrementan la adherencia de la goma de los piés de gato y con ello conseguimos que las yemas se endurezcan y, entre otras cosas, alejan a las multitudes de gente que se forman, con lo que la práctica de la escalada se hace más tranquila.

Hay veces que practicas escalada en agosto o septiembre en una zona concreta donde casi no puedes ni aguantarte ni encadenar varias secciones seguidas y, más tarde, pruebas a realizar el mismo tramo pero en invierno con temperaturas bajas. Por arte de magia, todo parece más fácil, pisas con más seguridad y tienes movimientos más fluidos.

Estas son las ventajas, pero hay veces que el frío es MUY frío… y es cuando tenemos que elegir el plafón o el rocódromo donde habitualmente entrenas pero, la desventaja, es que la multitud de gente que evitas encontrar en una zona natural en pleno invierno… estará probablemente el fin de semana en ese rocódromo.