El calzado moderno tiene cosas positivas y cosas negativas, como por ejemplo un aislamiento sensorial, dejándolos encerrados bajo presión. Y esto nos afecta, entre otros sitios, en el mundo de la escalada.

Hace muchos, pero que muchos años, nuestros antepasados caminaban descalzos y así estuvieron durante millones de años hasta que se empezaron a usar las primeras sandalias, que estaban fabricadas en fibra y cuero.

Las encontraron en unas cuevas de Missouri y tienen, aproximadamente, unos 8 mil años. Estas ofrecían esa protección extra que el pie puede necesitar pero no alteraban el movimiento básico del pie. Pues este fue el calzado que siguieron usando durante miles de años hasta que la moda se impuso a la comodidad y ergonomía del pie.

Con la moda llegaron las plataformas y los zapatos elevados con tacones y, volviendo a intentar encontrarse con la ergonomía, en el mundo del deporte empezaron a aparecer las cámaras de aire y el concepto de amortiguación en el calzado deportivo.

Con todos estos cambios, nuestra forma de pisar acabó modificándose forzosamente y, por extensión, nuestra postura al caminar y la anatomía del pie porque, al fin y al cabo, en nuestro cuerpo todo está relacionado y, cualquier cambio anatómico que realicemos, terminará afectando modificando otras estructuras y mecanismos del cuerpo humano.